lunes

el interpretador n° 20













narrativa

Mario Levrero - Apuntes Bonaerenses
Presentación, por Rodolfo Fogwill.

Pedro Mairal - Campamento en Maschwitz

Paola Esteban - La Delgadez Perfecta

Juan Diego Incardona - La música rota

Travestismo Trash -3-

Naty Menstrual - Que tren que tren

poesía

Marcos Herrera - Poemas

Horacio Fiebelkorn - Poemas

Cecilia Perna - Cámara en la piedra

Oscar Fariña - Poema

ensayos/artículos

Mario Bellatin

"La escuela del dolor humano de Sechuán", por Jorge Panesi.

El problema Bellatin, por Alan Pauls.

"La escuela del dolor humano de Sechuán", por Ariel Schettini.

La letra como anticipación, por Diego Rojas.

en discusión

La carta abierta de Oscar del Barco,por Tomás Abraham.

ensayo

Un inventario, dos legados: Intelectuales y Política en Contorno y Pasado y Presente,

por Ariane Díaz.

reseñas

Los raros afectos de Charly Gamerro, por Juan Marcos Leotta.

Presentación de "Correrías de un infiel" de Osvaldo Baigorria, por María Pía López.

columnas mensuales

Las chicas de Letras se masturban así XII, por Elsa Kalish

Nazismo bizarro

La muñeca nazi, por Juan Terranova.

cine

Perlas en el Fango -cine por cable en Argentina-
(noviembre 2005), por Hernán Sassi.

teatro

Rafael Spregelburd y el teatro político, por María Bayer.

artes visuales

Andrei Volpintesta - Galería

Jorge Michelotti - Obras

Fernando Cauda - Obras

aguafuertes

La luz del día, por Oliverio Coelho.

Elemental, Cacho -Usted reniega del anecdotismo-, por Usted.

Villa Celina -4-: "El hijo de la maestra", por Juan Diego Incardona.

martes

como las gallinas

En el foro Celcit se están discutiendo, entre otras cosas, cuestiones de género y el androcentrismo. Uno de los mensajes reparaba en lo machista que es nuestra lengua y argumentaba así:

Zorro: Héroe justiciero
Zorra: Puta
Perro: Mejor amigo del hombre
Perra: Puta
Aventurero: Osado, valiente, arriesgado.
Aventurera: Puta
Ambicioso: Visionario, Enérgico, con metas
Ambiciosa: Puta
Cualquier: Fulano, Mengano, Zultano
Cualquiera: Puta
Regalado: Participio del verbo regalar
Regalada: Puta
Callejero: De la calle, urbano.
Callejera: Puta
Hombrezuelo: Hombrecillo, mínimo, pequeño
Mujerzuela: Puta
Hombre público: Personaje prominente. Funcionario público.
Mujer pública: Puta
Hombre de la vida: Hombre de gran experiencia.
Mujer de la vida: Puta
Atorrante: Adj. que indica simpatía y viveza.
Atorranta: Puta
Rápido: Inteligente, despierto.
Rápida: Puta
Puto: Homosexual
Puta: Puta

viernes

miércoles

córdoba

Parece que finalmente pudimos vender el departamento. Los compradores son unos anticuarios. Ahora falta que escribanos, abogados y demás yerbas den el ok para terminar la operación.

Estaba haciendo cuentas y en Córdoba es el departamento donde yo viví más tiempo. Mis viejos tienen cierta complusión por las mudanzas, a mí me va más el sedentarismo. Voy a extrañar no estar más ahí.

Se me mezclan los recuerdos. Ahí vivió mi bisabuela, Felicitas, desde que llegó de Italia. Yo la iba a visitar, a veces, por lo general para navidad. Me acuerdo que usaba turbante y que tenía arterioesclerosis. En todas sus carteras le habían puesto cartelitos que decían: Me llamo Felicitas, tengo arterioesclerosis. Mi dirección es Córdoba... Mi mente infantil admiraba ese recaudo. Me parecía que así mi bisabuela se podía perder por Florida sin problemas porque un alma caritativa la traería de regreso. La cuidaba una mujer que se llamaba Margarita. Aunque era muy cariñosa conmigo, yo no confiaba mucho en sus habilidades para ese trabajo.

Margarita era un personaje decimonónico, no sé si por su fragilidad o por su estupidez. Rubia, de joven debe haber sido bella pero ya estaba marchita. Sus manos temblaban y su voz también. Una vez me regaló una cajita de música. Cuando la saqué del envoltorio me deslumbró: era increíblemente dorada, con un detalle de porcelana en la tapa y el clásico paño rojo en su interior. Descubrí que sacando una tapita, se podía ver la maquinaria que producía la música. ¡Cuánta perfección técnica al servicio de la belleza! Me gustaba pincharme el dedo al pasarlo por el rodillito con pequeños puntitos dispuestos estratégicamente. Pero lo mejor era la cortinita que, en forma de piano, iba tocando las notas y que al roce de mi dedo daba un sonido sordo y metálico. Margarita tenía la voz aguda como la canción de la cajita de música. No recuerdo exactamente qué habrá motivado mis observaciones pero debe haber sido muy evidente porque yo, con mis cinco años, me daba cuenta de que le faltaban ostensiblemente algunas luces. Contaba unos chistes de lo más ridículos. Sin embargo, cuidó a mi bisabuela con devoción hasta el día de su muerte.

*

Felicitas sentada en el living. Las persianas bajas, todo muy oscuro. En un rato viene Aldo, le dice mi abuelo y ella levanta la vista, ilusionada, confundiendo en su senilidad el nombre de su nieto con el de su marido muerto en la primera guerra mundial. Primer recuerdo de Córdoba.

Tengo veintiún años, el departamento está vacío. Finalmente. Después de un juicio de desalojo eterno, voy a poder disponer de él. Me mudo en el mes de marzo, todavía hace calor. Pocas cosas, muebles viejos. La mudanza fue muy rápida. A media mañana, ya está todo más o menos ubicado. ¿Y ahora? El departamento me queda inmenso. Había anhelado tanto vivir sola y cuando finalmente lo logro, tengo ganas de salir corriendo. Típico. Prendo la radio para no sentirme sola, no sirve de mucho. La apago en seguida. Tirada en la cama, me concentro en los ruidos de la casa. El taconeo rápido de mi vecina de arriba, complejo de petisa. Un bebé que llora en el departamento de al lado. Los viejos del primero que, luego descubrí no podían vivir sin reputearse todos los santos días, más lejos, algún que otro gemido del telo de Tres Sargentos.

Podría contar la historia de mi familia pensando en el departamento de la calle Córdoba. Desde esa modista italiana viuda y con un hijo que fue a vivir con una prima tuerta y medio loca hasta el nacimiento de mi hija ochenta años después. Tal vez lo haga.

viernes

Papi perdonáme

Mi hermana, la del medio, se acaba de separar de su última pareja y en un rapto de temeridad sacó un pasaje para Egipto. Ayer, en el aeropuerto, la despidieron mis viejos y sus dos hijos. Supuestamente, se va por un mes. Supuestamente, va a conocer a un tipo que contactó por el chat. Mi hermana es de hacer esas cosas. No voy a detenerme en detalles tales como que el egipcio prácticamente no sabe inglés, algo que comparte con mi hermana, y vaya una a saber en qué koiné se han comunicado durante los seis meses que duró el intercambio verbal.
En otro momento, tal vez me lo tomaría en broma. Pero sé que mi papá está muy angustiado por todo esto, más que otras veces. No es la primera vez que alguna de sus hijas le sale con cualquiera aunque creo que a eso debe ser difícil acostumbrarse. Yo misma me fui a los diecinueve a andar a caballo por Jujuy y no me importó nada de nada.
Verlo a mi papá así me hizo acordar las cosas que él llegó a hacer por mis hermanas y por mí. En especial, los pequeños sacrificios cotidianos. Me recordó, por ejemplo, cómo a las cuatro o cinco de la mañana de muchos (muchísimos) domingos se ponía el despertador, se cambiaba el pijama por ropa de calle y nos iba a buscar a alguna fiesta en la loma del orto. Por lo general, entrábamos al auto con cara idem, o porque la estábamos pasando bien y nos queríamos quedar o había sido un embole y él trasnochó sólo para que nosotras nos aburriéramos. Nunca estábamos conformes. Nunca felices.
Me pregunto cómo va a ser Pipi. Qué cosas la van a movilizar que yo no comprenda o que me parezcan peligrosas y qué voy a hacer cuando no sepa cómo cuidarla. Ante esto, Nico se me hizo el progresista. Que haga lo que ella quiera, me dijo y me descolocó. Me esperaba el padre celoso y posesivo que me dejara a mí en el papel de madre comprensiva. Por ahora, prefiero no creerle y esta noche dormir tranquila.

miércoles

yo me pregunto

Si no hay un sólo crítico o investigador serio que se plantee hoy en día un "modelo" para leer novelas o poesía o cuentos, ¿por qué, entonces, es lo primero que se proponen los que estudian teatro?

jueves

grande Harold

Me puso muy contenta enterarme esta mañana que Harold Pinter, uno de mis escritores favoritos, haya ganado el premio Nobel.

miércoles

me dio lástima decirte que no

Dicen que en Buenos Aires se hace teatro hasta abajo de las piedras. El domingo tuve la certeza de que eso es cierto al conocer la sala Alucía. Fui a ver el espectáculo de Bernardo Cappa Me dio lástima decirte que no. A las 7 menos diez toqué el timbre en un PH por la zona del Abasto. Creí que me había confundido al anotar la dirección. La cosa pintaba rara, era en un segundo piso, pero, jugada por jugada, me quedé.
Qué sensación rara esa de curiosear cómo viven los otros. Luego de atravesar un pasillo lleno de plantas y esculturas, subí por una escalera y entré a la casa de unos desconocidos que, luego de cobrarme la entrada, me invitaron a pasar al living. Había una pareja de chilenos, un tipo solo y algunas chicas más que también estaban esperando. Me saludaron. Me ofrecieron café. Tenían la misma cafetera de vidrio que usamos en casa. Unas nenas resoplaron cuando su mamá las mandó a jugar a la cocina. Yo me entretuve mirando los objetos que adornaban la vitrina: vasos y copas de distintos tamaños, miniaturas, juguetitos. ¿Qué edad tendrían los dueños de casa, o muy jóvenes o muy viejos, que exponen sus tesoros en un aparador?
Nos invitaron a pasar a la sala. Para mí, la función ya había empezado hacía rato.
Se apagaron las luces, la bizarrerie continuó.
Me dio lástima decirte que no pone en escena a una familia de clase media que se está yendo lenta pero irremediablemente al tacho. La típica familia tipo que podría habitar ése o cualquiera de los PH de la zona, un poco xenófoba, un poco tilinga, con su pasado glorioso y su presente de negación y miseria. Disputan su territorio con "los peruanos", ya no pueden pagar la cuota del club, reciben intimaciones del gobierno de la ciudad... En ese espacio cerrado, endogámico, logra ingresar alguien más. Es un funcionario público. Viene a "medir" la propiedad y lo que termina haciendo, solidarizado y seducido por esta familia, es tratar de ordenar el gran kilombo que le presentan.
La obra es desprolija, a veces los actores se anticipan y no terminan de crear del todo la tensión de las escenas, sin embargo lo que propone Me dio lástima decirte que no se disfruta de principio hasta el final. Cappa no sólo es el autor y director sino que además compone a Alicia, una madre un tanto depresiva, de manera magistral.
La escenografía adquiere mucha importancia cuando desde la puesta se prescinde de casi todo. La luz de una heladera puede iluminar u ocultar una escena. De hecho, no se utilizan los clásicos tachos de luz sino que enchufando un proyector de diapositivas o moviendo la heladera o incluso con el flash de una máquina de fotos se crean los climas de las distintas escenas. De la misma manera, el sonido lo da no una consola sino un grabadorcito de mano, pequeño, portátil. Todo se maneja desde el espacio escénico. Bernardo Cappa, desde la dirección, apuesta a la pobreza de recursos para enriquecer la puesta. Y le sale bien.

jueves

make-up

Quizá porque estoy leyendo una novela donde unos indios se pintan la cara y el cuerpo, es que me acordé de este polvito terracota con el que me inicié en las artes del maquillaje. El producto se llamaba "indian earth" y fue durante todo un año el objeto de deseo mío y de mis hermanas. Se trataba de una vasija de arcilla con una tapa de corcho que contenía toda la magia de la tierra india. El kit se completaba con un cisne aplicador.
Con solo pasar el cisne por el corcho, ya tenías suficiente para todo el cuerpo. El efecto buscado era el de un bronceado intenso pero el resultado real era como si te hubieras caído de boca en una cancha de polvo de ladrillo. Sin duda, el producto era muy peligroso, sobre todo usado en pieles muy blancas. Lo ideal hubiera sido tratar de maquillarse con luz natural pero ¿quién hace eso? En el baño de mi casa no te dabas cuenta si te ponías mucho o poco. Era una lotería. Ni hablar si te quedaba una parte más pintada que otra y querías emparejar. Podías quedar con la cara radioactiva. Y si querías usar algo escotado las opciones eran o quedar con la cara anaranjada y el cuello blanco, o arriesgarse y terminar pintándote de cuerpo entero (como los indios de la novela de Aira) porque una vez que empezaste no podías parar. El verano traía cierto alivio: si estabas algo bronceada, el contraste no era tan marcado.
Con mis hermanas nos peleábamos a muerte por usar el indian earth (indianerz, obvio). Nos había dado para comprar la vasija más chica y la cuidábamos como si fuera oro. El objeto más preciado era el cisne, que había que ver que no se arruine ni se moje ni nada. De fallar el aplicador, el producto se volvía impredecible: la frente o las mejillas mohicanas en contraste humillante con el resto de la cara.
Pero mis hermanas y yo no éramos las únicas. En las fiestas del club nos encontrábamos todas las pielesrojas, algunas más osadas que otras, luciendo orgullosas nuestro pedacito de cancha de tenis impregnado en la frente. Tuvo que venir el agujero en la capa de ozono para que lo abandonáramos.
Todas las modas tienen algo de ridículo, sin duda, pero creo que con el indian earth rozamos un pico difícilmente superable. No puedo dejar de admirar a los tipos que lo fabricaban, evidentemente eran unos genios.

ajó

Mi niña empezó a parlotear, heredó seguro el afán comunicativo de su padre. Ahora emite algunos gorjeos y grititos que acabaron con mi firme decisión de evitar el baby-talk. Antes de que me pudiera dar cuenta, ya estaba repitiéndole compulsivamente "ajooo" y esperando su respuesta. Debe haber algo atávico en eso.
Mi abuela me contó que mi papá tardó muchísimo en hablar. Se hacía entender pero no emitía sonido alguno. Los estudios médicos no se hicieron esperar. Audiometrías, consultas con otorrinolaringólogos, fonoudiólogos y lingüistas. Psicólogos, neurólogos y hasta con un astrólogo. La conclusión fue unánime: el nene no habla porque no quiere.
La cosa es que pasaba el tiempo y Aldito no decía nada.
-¿Sabés qué fue lo primero que dijo tu padre?, me preguntó mi abuela reprimiendo la indignación a pesar de los años, "Grimoldi".

lunes

otra de don Antonio

Como te iba diciendo, mientras esperábamos a los sociólogos, don Antonio me contaba anécdotas de su trabajo. Hacía veinticinco años que era chofer y le había pasado de todo. Una tarde me contó que en una época trabajó para un diplomático. El tipo era bastante quilombero y las minas lo perdían. Casi arma un problema en la embajada por no llegar a tiempo para no sé qué ceremonial. Ya le habían dado un ultimátum. La cosa es que el diplomático se pasó de farra, iba a llegar tarde de nuevo. Se sube al auto y le dice a don Antonio: ¿llegamos a la embajada en quince? Había que atravesar toda la ciudad, era una temeridad, una locura. Don Antonio le dijo que con ese auto lo llevaba a tiempo a Alaska si era necesario y aceleró. Iba por la avenida principal de San Salvador como si fuera una autopista. Ya cerca del centro, en una esquina pasó lo que mi papá dice que nunca hay que hacer. Iban cruzando un viejo con un pibe. El viejo avanzó y el pibito retrocedió. Error. No había tiempo para frenar, si lo intentaba siquiera podía perder el dominio del auto. Don Antonio hizo una pausa y me miró muy serio.
-Y qué hizo?, le pregunté. En eso, sentí que golpeaban la puerta de la van.
En la vereda, miraba para arriba un nene de más o menos cinco años. Tenía puestas unas medias de toalla inmaculadísimas que le llegaban a la rodilla y ojotas. Abrí la puerta y en inglés me invitó a tomar un refresco en la casa donde habían entrado los sociólogos. Me excusé como pude, yo quería saber qué había pasado con don Antonio. El nene insistió tanto que se me hizo imposible desairarlo. Yo le producía mucha intriga. El nene parecía no entender por qué una gringa hablaba un inglés tan malo como el mío. Estaba jugando con su primo con unos rastris. Mientras esperábamos, les pedí de jugar con ellos y me aceptaron con gusto. El nene de las medias era hijo de salvadoreños pero había nacido en Estados Unidos, estaba allí de vacaciones.
Parece que en El Salvador la principal exportación era de familiares. Todas las casas tenían por lo menos a alguien afuera que mandaba dólares (en ese momento ese dato me llamó la atención, estábamos todavía en la Argentina pre devaluación).
No llegué a tomarme el juguito cuando los sociólogos aparecieron desde el fondo. Mi sociólogo me miró con cara de pocos amigos. El ambiente estaba tenso. Parece que en mitad de la entrevista, la francesa peló la cámara de video y se puso a filmar las instalaciones de la fábrica de bombachas. A la dueña eso le cayó mal, se puso paranoica. Obvio, no le habían pedido permiso. Ella no sabía bien para qué era la encuesta, y ¿si le caía la DGI o como se llamara en El Salvador? La cosa es que los echó a patadas, a mí incluida en la volteada. Ni tiempo de despedirme de mis amiguitos de las medias blancas. En la van, el jefe de los sociólogos se descargó con la francesa, que era una falta de respeto, que no podía ir así prepoteando a la gente, que nena dónde estudiaste sociología... la francesita quedó llorando.
-Que se joda, por eurocéntrica y maleducada, me dijo por lo bajo mi sociólogo. A mí me gustó porque, obvio, la francesa me caía como el orto.
Tuve que esperar hasta que concertaran una nueva entrevista para saber qué había pasado con don Antonio, el diplomático, el viejo y el pibe.
-¿Y qué pasó?, le pregunté cuando pude a don Antonio.
-En ese momento pensé: y bueno, por lo menos el viejo ya vivió...
Se hizo una pausa. Don Antonio me miró con picardía.
-Le pasé a esto, un paso menos y lo embestía. El diplomático quedó blanco como un papel pero llegar, llegamos.
Con mi sociólogo no nos peleamos ese viaje. Poco faltó, pero eso es otra historia. Otro día te cuento en qué quedó todo y lo que nos pasó a la vuelta. Pero hoy no. Estoy cansada y tengo ganas de irme a dormir.

viernes

... y el tonto se fue

El título no es muy bueno, parece el final de un chiste: pasó esto, esto y lo otro... y el tonto se fue. Sin embargo, no se trata de una comedia. Vamos con el cuentito: una familia se disuelve, dos hermanas ven frustradas sus fantasías y anhelos por la intervención de su hermano. Lo más íntimo y familiar se vuelve siniestro. Fantasmas personales y de los otros hacen su aparición, a veces lúdica, a veces inquietante. Lo mejor, los actores. Cada uno de ellos tiene talento para repartir, y eso se nota. Jorge Costa desde el clown, Julia Muzio como bailarina y cantante y Natalia Aparicio colaborando también en la dramaturgia. Los sábados de octubre y noviembre en el Absurdo Teatro.

Natalia Aparicio, Julia Muzio y Jorge Costa.
Dirección: Walter Velázquez
Teatro Absurdo Palermo
Ravignani 1557
4779 1156
Sábados 21 hs.

miércoles

Diástole/Sístole noches de cine y música

Ezequiel Acuña, Alejandro Fadel, Ignacio Masllorens, Martín Mauregui, Santiago Mitre, Rodrigo Moscoso, Paulo Pécora, Nicolás Pucciarelli, Juan Ronco y Juan Villegas.
Diez directores, diez miradas y diez modos diferentes de filmar lo que hablamos cuando hablamos de amor.

Todos los viernes de octubre de 2005, a las 22, en el Espacio Plasma, Piedras 1856, San Telmo.
Entrada libre y gratuita.

La proyección de los cortometrajes será seguida de recitales acústicos de Romina y los Urbanos (7 de octubre), Marcelo Ezquiaga y Mi tortuga Montreux (14 de octubre), Rosal (21 de octubre) y La musical Mexicana (28 de octubre).
Diástole/Sístole es una muestra de cortometrajes argentinos que giran en torno al tema del amor. Diez filmes que describen, en claves y estilos diferentes, la dilatación y contracción del corazón enamorado. Diez historias que abordan los vaivenes sentimentales de sus personajes con humor, tristeza, desolación o tímida esperanza. Amores enigmáticos, amores imposibles, amores circulares, amores frustrados, amores turbios, amores que matan, amores felices y toda clase de desamores.
Se trata de una selección de 10 de los mejores cortos románticos realizados en la Argentina en la última década. La mayoría de ellos premiados en festivales locales e internacionales y dirigidos por jóvenes que en algunos casos -como Rodrigo Moscoso, Juan Villegas, Santiago Mitre, Ezequiel Acuña, Martín Mauregui y Alejandro Fadel- ya pasaron con éxito al género largometraje.
Casi todos comparten la estética sobria del material fílmico blanco y negro, donde la escasez de recursos materiales es superada por imaginación en la puesta en escena y un énfasis especial en la composición del cuadro y la búsqueda de la textura justa para cada imagen. En todos ellos se nota el trazo particular de cada realizador, tanto en la manera personal de entender una relación sentimental, como en su sensibilidad para traducirla y expresarla a través de personajes, imágenes, estructuras dramáticas y juegos temporales intensos y originales.
Como la sangre que ingresa cansada al corazón y sale oxigenada después del proceso de diástole y sístole, estos filmes entienden al amor como un sentimiento móvil, latente, una sensación de contracción y expansión permanente, que muchas veces va de la pena y el sinsabor hacia la esperanza de una felicidad renovada.
Diástole
Movimiento de dilatación del corazón y las arterias cuando la sangre penetra en su cavidad.

(Viernes 7 y 21 de octubre)

Rutas y veredas, de Juan Villegas.

1995, 16 mm, b/n, con Gerardo Young y Mirna Suárez.

El primer corto del director de Dos en un auto, Sábado, Una tarde feliz y Los suicidas. Discontinuidad temporal y crónica melancólica del surgimiento y la disolución de una pareja. Villegas comparte su pasión por el cine con la crítica cinematográfica, que ejerce desde hace varios años en la revista El Amante.

A ningún lado, de Martín Mauregui.

2003, 16 mm, color, con Martín Buzzo y Carmen Amengual.

Quizás el corto más interesante de uno de los cuatro autores de El amor (primera parte). Como si fuera una cinta de Moebius o un nudo temporal, el filme de Mauregui se estructura como un giro, un proceso de meandros sentimentales que empiezan y terminan en el mismo lugar.


1999, de Ignacio Masllorens.

2000-2003, Super 8 mm, b/n, con Luciana González Costa y Martín Chiara.

Autor de varios videoclips, cortos y documentales, Masllorens propone aquí una historia de amor, año y vida nuevos. Ganador del premio al mejor cortometraje de ficción en el último Festival Internacional Sueños Cortos, 1999 fue filmado en Super 8 milímetros blanco y negro, formato que le ayuda a crear una atmósfera amable, feliz y melancólica.


Rocío, de Ezequiel Acuña.

2000, Super 8 mm, b/n, con Alberto Rojas Apel y Matías Castelli.

El más romántico de los cortos que Acuña dirigió antes de filmar sus largometrajes Nadar solo y Como un avión estrellado. La particular relación entre dos amigos, que en más de una ocasión parece alcanzar la intensidad y el bienestar del amor. Acuña comienza a trazar aquí las líneas de un modo nostálgico de ver el amor y un estilo propio para filmarlo.


Felipe, de Alejandro Fadel.

2002, 16 mm y beta, b/n, con David Anchaval y Jazmín López.

Ganador del premio al mejor cortometraje del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici). Una de las primeras incursiones en el tema de uno de los cuatro autores de El amor (primera parte). Su corto en video Sábado a la noche, domingo a la mañana, que habla de encuentros y desencuentros amorosos, y bien podría haber sido agregado a esta muestra, recibió una mención en el festival George Mélies.

Sístole
Movimiento de contracción del corazón y las arterias para empujar la sangre que contiene.

(Viernes 14 y 28 de octubre).

Una forma estúpida de decir adiós, de Paulo Pécora.

2003-2004, 16 mm, b/n, con Franco Grimaldi y Alelí.

Periodista y realizador, Pécora ganó con este film el primer premio en la sección Panorama Forum del Festival de Cine Joven de Miskolc (Hungría) y fue nominado al Cóndor de Plata 2004 al mejor corto de ficción argentino. Ya había abordado el tema del amor en otros cortos como Siemprenunca y Qué, quiénes, cómo, cuándo, dónde.

Leo 16, de Rodrigo Moscoso.

1995, 16 mm, b/n, con Federico Alarcón y Marcela Sosa.

Moscoso rodó este corto en 1995 en la ciudad de Salta, donde pasó la mayor parte de su vida y donde años después filmaría Modelo 73, su primer largometraje. Su fotografía en blanco y negro, la austeridad y frescura de su puesta, y la historia lacónica de un adolescente enamorado de una vecina y enfrentado a los más cancheros del barrio, son elementos que lo hacen compartir con Felipe, de Alejandro Fadel, más de un punto en común.

Las manos, de Juan Ronco.

2004, 16 mm, b/n, con Jazmín López y Jill Mulleady.

El misterio, la belleza y la incógnita son las claves del tercer cortometraje de Juan Ronco. El autor se vale de diferentes simbologías para tejer la trama de la enigmática relación entre dos mujeres. El delicado estilo de un cineasta que filma a mujeres como si estuviera enamorado de ellas. O como si estuviera soñándolas.


Té frío, de Nicolás Pucciarelli.

2001, 16 mm, color, con María Gelblum, Marina Risso y Gori.

Con sus cortos La fortaleza y Elizabeth sin zapatillas de ballet, dos historias protagonizadas por niños, Pucciarelli compitió en la sección oficial de distintas ediciones del Bafici. En Té frío propone una oscura historia de intrigas, celos y ambiciones. Autor de varios otros films, el realizador vive en la Argentina y en Suecia, a donde viajó hace algunos años por amor y para escribir la tesis La mujer en el cine de Ingmar Bergman.

Un regalo para Carolina, de Santiago Mitre.

2004, 16 mm, color, con Francisco Trull y Angeles Justo.

Después de su corto de suspenso El escondite, por el que recibió varios premios, Mitre dirigió este y otro film que tienen al tema del surgimiento o la disolución de una pareja como ejes. En algún lugar de la Costa Atlántica, un joven enamorado corre contrareloj para elegir el regalo perfecto para la chica perfecta. La primera incursión de Mitre en el género romántico antes de codirigir El amor (primera parte).

Esta muestra se realiza con el apoyo de los autores de los cortos, la Universidad del Cine de Buenos Aires y la revista Babia.

Idea y producción: Paulo Pécora.

martes

Lidia

Mi sobrina de tres años le hizo un planteo a mi hermana: "quiero ir con vos a la peluquería y que me pinten las uñas". Tanto insistió que Fer tuvo que preguntarle a Yoly si podía hacerle la manicura a una nena tan chiquita. Así me lo contaba mi hermana entre divertida y asustada.
Yoly tiene una peluquería de barrio por Boedo, cerca de la casa de mi hermana. Fer me contó que Yoly hace años que está, que se fue haciendo su clientela de a poco y que cuando las cosas empezaron a marchar más o menos bien, se decidió a estudiar. Así, de grande, dice ella. Primero, el secundario; después, administración de empresas. Dice que se siente medio rara al tener compañeros tan pendejos pero que la carrera la termina seguro. Mi hermana, entonces, mientras se hace la manicura le plantea los problemas que tiene en su propio negocio. Yoli la escucha (como buena peluquera) y le da consejos de gestión empresarial (como buena consultora).
Que te arreglen y pinten las uñas es un placer al que también mi mamá nos acostumbró desde chicas. Cada tanto, venía a casa una mujer que se llamaba Lidia. Venía sin avisar, cuando podía. Si mi mamá estaba, le hacía la manicure. A nosotras tres nos arreglaba las cutículas y nos ponía brillito.
La recuerdo como una mujer grandota, muy alta (con tacos llegaría al metro ochenta) y tetona, muy tetona. Usaba siempre pantalones y el sueter rojo escote en V sobre la piel. Otra de las cosas era que Lidia no paraba de hablar, desde que llegaba a casa hasta que se iba, meta hablar como una radio. Lo suyo no era la política internacional sino el chisme.
Estoy siendo injusta, lo que hacía era actualizar los datos de la vida de sus otras clientas. Así las llamaba: "mi clienta, tal cosa", "mi clienta, tal otra", nunca un nombre propio. Se suponía que una debía reconocer a quién estaba refiriendo. Con el tiempo, más o menos las ibas identificando. Lidia manejaba una camioneta, algo que reforzaba su aspecto hombruno. Era una F 100 blanca que a veces le costaba estacionar cuando venía al centro.
Lidia no tenía familia. Ni padres, ni hijos, sólo clientas. Con algunas hasta se iba de vacaciones. (Ahora que lo pienso, tal vez hasta fuera algo torta. ¡Seguro, claro! Me acaba de caer esa ficha.) Lo que transmitía era una fuerte independencia y mucha soledad. Me hacía admirarla y al mismo tiempo me daba un poco de tristeza. Me la imaginaba pasando sola las fiestas, el colmo del bajón. Aunque creo que para esas fechas siempre contaba con alguna clienta.
Venía a casa con un maletín negro, de esos duros y altos que se abren desde arriba. Daba la impresión que pesaba una tonelada. Era mágico observar con qué cuidado sacaba los utensilios con los que iba a trabajar. Arriba, envueltas en un paño, tenía las tijeras, limas y otros objetos para bajarte la cutícula y esas cosas. Al costado, un tarrito de goma que llenaba de agua caliente. Lo primero que hacía Lidia cuando te iba a atender era sumergirte una de las manos en ese tarrito. Y abajo de todo, el paraíso de la diversidad: Millones de tonalidades de esmaltes. Todavía creo estar viendo todos los frasquitos paraditos en el piso del maletín. Elegías el color que te iba a poner y eso era lo último que decías. Ahí nomás Lidia empezaba a atenderte y a hablar hasta quemarte la cabeza con las historias de sus clientas. También, sutilmente, intercalaba algunas preguntas, supongo que para surtirse de material para cuando iba a otra casa. Creo que cuando mi otra hermana quedó embarazada a los dieciséis tuvo material para todo un año. Igual, no era maliciosa en sus chismes sino más bien informativa. Creo que por eso sus clientas la queríamos a pesar de todo.

domingo

Tío Vania en el festival

Nuevamente dejé a mi hija al cuidado de su padre para ir al teatro. Esta vez, le tocó el turno a otro clásico de la dramaturgia universal: Tío Vania de Anton Chejov.
Al entrar a la sala, los actores ya están en escena, sentados, esperando que el público se acomode para comenzar la función. Uno hace un gesto, se acomoda, y continúan esperando. Seguirán así aun cuando se apague la luz. De esta manera, el pasaje entre la espera previa y el comienzo de la obra resulta tan suave que más bien se trata de una continuidad. Algo que muchas veces se ha intentado y pocas veces vi que se resolviera tan bien. Esa espera marca de a minutos el paso del tiempo, lo vuelve tangible, lo materializa y resulta súmamente pertinente para la comprensión de la obra.
En el programa de mano se insiste mucho (demasiado) en determinados aspectos de la puesta: la disposición escénica y el casting de actores. El escenario se convirtió, por obra de Annette Kurz, en un salón de baile o mejor, en su negación. El enorme y despojado piso de madera tiene unas ondulaciones que lo vuelven una trampa para los actores. Parece que si algo resulta difícil, eso es moverse en semejante superficie, ni hablar de intentar bailar. El otro aspecto fue contrastar visualmente a los personajes: eligieron actores mucho más viejos que lo estipulado por Chejov, salvo para el caso de Sonia, Elena y el doctor Astrov. Visiblemente reconocibles en su juventud, por eso mismo resultan más patéticos. Sin duda el director, Luk Perceval, saca mucho provecho de estas decisiones extremando los rasgos de todos los personajes. Vemos a Astrov siempre borracho, a Sonia luchando con sus represiones, a Vania más enojado con su ex cuñado que enamorado de Elena. Lo que en el texto sucede una noche de tormenta, en la puesta de Perceval se vuelve expresionista cuando llueve torrencialmente sobre el escenario y los actores. El gran acierto de la puesta es que logra trasmitir en todo momento esas pasiones desgarradoras que arrasan a estos seres y al mismo tiempo, toda su parálisis y mediocridad por no estar a la altura de lo que desean. Resulta patético ver a Vania gritar "me cagaron, se me pasó la vida y no hice nada con ella" y al mismo tiempo corretear a Elena y tratar de robarle un beso o tocarle el culo.
Un detalle: en el subtitulado, optaron por usar el voseo y los modismos porteños en la traducción del neerlandés original y creaba un efecto bastante extraño, sobre todo en las puteadas y en el uso del "che".
Con esta obra terminó lo que pude ver de esta edición del festival internacional de teatro. Poco en comparación con la oferta que hubo, pero conformando un subconjunto bastante homogéneo en el interés por volver a textos clásicos. La manera de revisitar obras de Chejov, Tennesse Williams o Shakespeare y descubrir que todavía tienen mucho para decirnos.

jueves

la culpa no es del chancho

Hace ya varios años, razones sentimentales que no vienen al caso me llevaron a recorrer Centroamérica entrevistando Pymes con un grupo de sociólogos. Así conocí cómo es que se hacen ladrillos, pan o zapatos en varias ciudades de El Salvador.
Los primeros días, todo era entusiasmo. Conocer la ciudad, usar la pileta del hotel, comer en restaurantes de lujo (el cambio nos favorecía y, además, ese tipo de trabajos suele ser bien pago). Me sorprendió ver en el shopping mall de San Salvador un negocio que vendía chalecos antibalas, algo que iba en consonancia con las itacas que los custodios lucían en plena calle. Paseamos por la zona rosa (área concheta de la ciudad) y comimos pupusas en un fondín.
Después empezó el trabajo. Dos argentinos, una francesa y un alemán arrepentido era el equipo de sociólogos. También estaba yo que no entendía demasiado de nada. Las primeras entrevistas, una fábrica de zapatos, una tornería y una de bombachas, me resultaron interesantes. Los sociólogos iban, preguntaban por el nivel de educación, el tipo de cosas que fabricaban y cómo lo hacían. Los tipos nos mostraban las instalaciones. Todos contentos. A la quinta entrevista, me empecé a aburrir. Entonces, me quedaba en la van y charlaba con el chofer.
Don Antonio era un hombre mayor, un poco gordo y canoso. Conocía su oficio: no sólo manejaba muy bien sino que además tenía la parquedad y picardía justas. Si no le hablabas, él ni mosqueaba. Una de las primeras cosas que me dijo era que él nunca había ido al teatro, que eso no le interesaba.
Un día me preguntó si podía prender la radio. Todas las tardes escuchaba un programa cómico que duraba media hora. El tipo era una especie de Fernando Peña, quizás no tan talentoso, que hacía humor político. Don Antonio me iba instruyendo sobre las próximas elecciones y los modismos de su país. A veces se ponía colorado ante la posibilidad de explicarme un chiste medio guaso. Cuando terminaba el programa, Don Antonio apagaba la radio pero nos quedábamos charlando y riéndonos de lo que habíamos escuchado hasta que volvían los sociólogos. Así fue como me confesó que todos los años iba a ver el show que hacía ese cómico.
-¿Pero cómo, no es que nunca había ido al teatro?
- No, pero eso es distinto.
-¿Hay escenario? ¿Hay público? Es teatro.
-Bueno, pero no es eso, así como le gusta a usted.
-¿Así cómo?
-No sé... aburrido.
Hace poco leí una novela en la que se hablaba bastante de teatro, sobre todo del llamado "comercial" y el de revista. El teatro estaba muy presente: los personajes iban seguido a distintas salas pero no disfrutaban de lo que veían. No se salvaba ni el circuito oficial ni el off ni el comercial. Y me acordé de Don Antonio y de cómo su idea de "teatro" no se correspondía con aquello que lo movilizaba para pagar una entrada y ver un espectáculo sabiendo que lo podía disfrutar.

miércoles

y seguimos con el festival

Esta vez, le tocó el turno a Noche de reyes. Fui el viernes, con bastantes expectativas: una comedia de Shakespeare, una compañía rusa, un director inglés... La cosa prometía.
Primera apreciación: al leer el programa de mano, advertí que el elenco estaba integrado sólo por hombres. Así que además vería un auténtico teatro isabelino (aunque en ruso).
Prometían "una puesta que muestra toda la belleza y picardía de esta comedia de Shakespeare, llena de enredos y equívocos hilarantes, en la que el amado nunca es lo que parece, ya que suele esconder bajo un disfraz su verdadera identidad."
¿Qué fue lo que me encontré? Una puesta si se quiere bastante tradicional, sutil y estilizada, donde primaban las actuaciones (sin duda muy buenas), pero también donde, si lo que importaba era el disfraz, la decisión fue neutralizarlo. Hasta las medias amarillas de Malvolio (practical joke al que se ve sometido este personaje) quedaron disimuladas bajo un amplio jaquet blanco. El director no quería que nada rompiera la armonía cromática. Pero, ¿Noche de reyes es una obra de armonías? Más bien, yo creo que no y que esta decisión de puesta lo que logró fue neutralizar todo, incluso el género. ¿Dónde queda el disfraz? ¿Dónde, la performance?
En El espacio vacío, Peter Brook describe la actitud de ciertos críticos que, ante una puesta de Shakespeare, festejan o critican las decisiones del director, se aburren un poco y con repetir en voz baja sus parlamentos preferidos ya se dan por cumplidos. La puesta de Declan Donnellan me colocó por momentos en esa actitud. Como espectador, uno se ríe, disfruta de las actuaciones y a la salida se va a comer una pizza habiendo olvidado todo lo que vio.

La marea en el festival

Proyecto Cruce, presenta:
La marea
(Espacios Interiores)

La obra
En una calle de Buenos Aires (el Pasaje Rivarola) nueve espacios intervenidos. En cada uno actores “instalados” en diferentes situaciones. Algunos como gente real del lugar, otros claramente ficcionales. Sin conciencia de ser observados desarrollan su rutina; las situaciones no tienen diálogos o son breves. Sin embargo, a través de un sistema de subtitulado, instalado en cada escena, los espectadores acceden a los pensamientos de los personajes o a la narración de su historia personal, las circunstancias en las que están involucrados o, incluso, a su futuro.
Las situaciones se representan simultáneamente en ambos lados de la calle. Cada situación dura diez minutos, termina y vuelve a repetirse a lo largo de dos horas. El público puede desplazarse siguiendo el flujo de las historias y los pensamientos en forma lineal o aleatoria.
Se trata de partir de un momento presente, representable, hacia una dimensión de historia más amplia, como una irrepresentable novela del siglo XIX, como si pudieran narrarse todas las historias -pasadas, presentes y futuras- de una porción de la ciudad.

Textos y Dirección: Mariano Pensotti
Escenografía: Mariana Tirantte
Iluminación: Matías Sendón
Música y diseño sonoro: Federico Marrale
Colaboración artística: Luis Biasotto
Video y colaboración artística: Juan Minujín
Asistencia de dirección: María Laura Pulicicchio


Actúan: Leandro Orellano, Eliana Niglia, Walter Jakob, María Zambelli, Santiago Gobernori, Facundo Agrelo, Eugenia Alonso, Silvia Hilario, Uriel Milsztein, Luis Gasloli, Nayla Pose, Pablo Gasloli, Francisco Dibar, Cecilia Isla, Ezequiel Díaz, Romina Paula

Vie 16, Sab 17 y
Dom 18,
21 hs.
Pasaje Rivarola (altura Perón al 1300)

(En caso de lluvia pasa para el día siguiente. Cualquier duda consultar las oficinas de informes del V Festival Internacional de Buenos Aires)

pensando el rol del Instituto

“El rol del INT en la actual creación teatral argentina”En su afán por mejorar el creciente desarrollo del teatro argentino, el Instituto Nacional del Teatro (organismo que se encuentra dentro de la órbita de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación) ha programado la realización de una serie de foros de discusión en las diferentes regiones del país. Participan de ellos, como panelistas, teatristas y periodistas especializados y se invita a la comunidad teatral, de cada región, a dar también su opinión acerca de una serie de tópicos sobre los que se propone reflexionar.El Foro correspondiente a la Región Centro (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires) se llevará a cabo el próximo 15 de septiembre, a las 18, en el Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943). Participarán como panelistas: Roberto Cossa, Lito Cruz, Ricardo Bartis, Rubén Szuchmacher, Leonor Soria, Sergio Urrutia, Guillermo Rodoni, Marcelo Marán y el Director Ejecutivo del INT, Raúl Brambilla. Durante el encuentro se analizarán los siguientes temas:- Cuál debería ser el rol del INT en los centros teatrales desarrollados y en los que están en vías de desarrollo.- De qué manera debería el INT proteger el profesionalismo de los artistas.- De qué manera el INT podría fortalecer los programas de apoyo a la calidad y la trayectoria.- En qué medida se debería valorar la actividad de los colectivos teatrales en la Argentina.Esta actividad se realiza, con entrada libre y gratuita, en el marco del V Festival Internacional de Buenos Aires.

Fuente: Boletín 428. ForoCELCIT. Mensajes del 13 de septiembre

lunes

sábado de festival

El sábado a la noche, con una culpa atroz, dejé a Pierina con su padre y me fui al teatro San Martín. Tenía entradas para ver Endstation Amerika, una adaptación de Un tranvía llamado deseo que se está dando en el marco del festival internacional. La perspectiva de dejar a mi niña de un mes por dos horas y media de teatro en alemán con subtítulos me resultaba casi tan pesada que por poco desisto. Sin embargo, me sobrepuse y salí y creo que valió la pena.
Me encontré con la sala Martín Coronado totalmente llena. Daba gusto.
Un tranvía... es definitivamente un clásico, entre las innumerables veces que se lleva a escena y la película de Elia Kazán, no había espectador que no conociera la trama. ¿Qué hizo Frank Castorf con la obra de Tennessee Williams? Cambió el punto de vista. Endstation Amerika nos cuenta la historia de Stella y Stanley desde la mirada de Blanche.
Como espectadores, cada una de las cosas que suponemos o sabemos se ven defraudadas. Es una constante de la puesta que a veces produce gags un tanto esperables, otras desestabiliza toda la concepción de la obra. Si esperábamos a un Kowalski inmortalizado en la belleza de Brando, encontramos a un Stanley bajito, canoso y vulgar. También Stella desdice la mirada tradicional, Birgit Minichmayr compone magistralmente a la hermana de Blanche como una Barbie de culo parado y modales toscos, totalmente incorporada a la vida que le propone su marido.
Con Blanche, vemos a Stanley como un primate; con Blanche, y sólo con ella, escuchamos los acordes de esa música que la atormenta; con Blanche, somos importunados por la cámara de video que nos filma incómodos en la butaca; con Blanche, leemos entrecortada, alocadamente, la verdad sobre su pasado; con Blanche, finalmente, se nos mueve el piso al punto de casi hacernos caer.
También aparece "América" como la tierra prometida, con su coca-cola y la cultura de masas imponiéndose en el american way of life de estos inmigrantes. Los contrastes se hacen notar en el uso notable de las canciones de Britney Spears, Nirvana y Lou Reed interpretadas en vivo por los actores. También en una cita a la película Psicosis. Castorf lleva hasta sus últimas consecuencias la decisión cambiando el final previsto por Williams. Endstation Amerika es, en definitiva, una nueva mirada a un clásico que resulta también atractiva en su actualización.

jueves

y seguimos con los teatros independientes

Desde el 1° de septiembre se viene presentando en El Camarín de las Musas una muestra fotográfica realizada por María José D’Amico y Eva Fisher. Las tomas que integran la exposición forman parte del libro Teatros independientes de Bs. As., escrito por Juan Garff y Ana Groch, que editó, en el 2003, el Instituto Nacional de Teatro y el IV Festival Internacional de la Ciudad.
“Teatros independientes de Buenos Aires”, del 1° al 30 de septiembre, todos los días de 17 a 22 hrs. El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960. Tel. 4862.0655.

teatro independiente

Leido en el foro Celcit del 7 de septiembre:

Documento que está elaborando ARTEI en relación a la redacción de la futura ley para los teatros independientes de la ciudad de Buenos Aires:

TEATRO INDEPENDIENTE. FUNDAMENTACIÓN Mucho se ha escrito acerca de la historia del teatro independiente en nuestra ciudad. Algunos estudiosos como Luis Ordaz o como José Marial ubican su nacimiento con la fundación del Teatro del Pueblo a cargo del legendario Leónidas Barleta en noviembre del año 1930, considerando antecedentes en experiencias anteriores tales como el Teatro Libre o El tábano. Luego aparecerán La Cortina (1937), La Máscara (1939), Tinglado, Libre Teatro (1939), Teatro Libre Evaristo Carriego (1940), Teatro IFT (1940), Teatro Libre Florencio Sánchez (1940), Teatro Estudio (1950), Nuevo Teatro (1950), Instituto de Arte Moderno (1950), OLAT (1950), Fray Mocho (1951), Teatro de los Independientes (1952). Estos nombres representan ese mítico teatro independiente que desarrolló su actividad como alternativa a la escena tanto oficial como, sobre todo, a la escena comercial, por ese entonces dominante aunque decadente desde el punto de vista artístico. Entre sus ideales estaban un mejoramiento de la actividad teatral, una mayor dedicación a las cuestiones artísticas, una idea de elevación de la calidad como así también un acercamiento desde los valores culturales al pueblo. Gran parte de la población, opositora a las políticas gubernamentales encontraron en las salas de los teatros independientes sus canales de participación y de expresión.Este movimiento se desarrolla con fuerza hasta los años 60 en los que diferentes problemáticas que venían siendo desarrolladas en el seno de los teatros, comienzan a hacer eclosión: la profesionalización de los actores, la inclusión de nuevas metodologías estéticas, como el stanislavskismo, la posibilidad de trabajos en otros medios como la televisión, la apertura provocada por el desarrollismo en los teatros oficiales (inauguración del teatro San Martín en el año 1960), sumado a la desarticulación lenta pero constante de la fuerza principal del movimiento: la relación entre la existencia de un grupo de personas y un espacio determinado.Durante las décadas siguientes, esa relación comienza a resquebrajarse, quedando en principio pocos grupos en actividad con su propia sala: la actividad del Equipo Teatro Payró, que se hiciera cargo de la sala de Los Independientes es casi un ave raris dentro del panorama de esos años; otro ejemplo puede ser Nuevo Teatro que se disuelve a mediados de la década del 70, coincidiendo con la muerte de Leónidas Barleta y el cierre definitivo del Teatro del Pueblo de la primera etapa. Aquella relación que daba un sentido de pertenencia a la actividad, en esos años es planteada de manera diferente: grupos circunstanciales de trabajo en salas en las que se trabaja de manera temporal.A mediados de los años 70, con el advenimiento de la feroz dictadura de las Fuerzas Armadas, el movimiento teatral se repliega. Si bien algunos teatros como el Payró siguen con sus actividades a pesar de las amenazas, la actividad teatral de las nuevas generaciones comienza a desarrollarse casi de manera clandestina en estudios de teatro ubicados en barrios alejados del típico centro de la ciudad. La necesidad de quitar visibilidad a la actividad hizo que muchos artistas de teatro comenzaran a trabajar en estudios creados en casas viejas, en locales sin carteles que denunciaran la actividad, etc. La dictadura arrasa paradigmas democráticos, entonces el teatro se repliega perdiendo económicamente; la precariedad es tan grande que se rompe con convenciones como: la crítica, la ubicación céntrica, el escenario fijo, las butacas fijas. En cualquier lugar se puede hacer teatro.Por ese entonces surge del teatro independiente un ciclo que ha quedado en la historia de esos años como la mayor respuesta cultural contra la dictadura: “Teatro Abierto”, donde actores, directores, escenógrafos, dramaturgos, vestuaristas, iluminadores y músicos, acompañados por una gran respuesta del público, se unen en un duro cuestionamiento al régimen dictatorial. Con el advenimiento de la democracia los teatros consolidan su actividad creando un circuito teatral alternativo al que se van sumando numerosas salas nuevas, fenómeno que se profundiza en los 90 hasta llegar en la actualidad a un número aproximado de 180 dentro del perímetro de la ciudad.La traducción arquitectónica de este fenómeno es la adaptación de una gran diversidad de edificios destinados originalmente a otras actividades para transformarlos en espacios para hacer teatro, desde la básica “casa chorizo”, galpones de depósito, locales comerciales, pequeñas fábricas o industrias, etc.La transformación que se produce, favorecida por la total ausencia del Estado, está en un todo de acuerdo con la necesidad de romper con las formas convencionales del teatro desarrollando nuevos lenguajes escénicos y modificando también el sistema tradicional de producción y transformándolo en un fenómeno totalmente atípico con peculiaridades que es necesario apuntar.Una sala o un elenco de teatro independiente está constituido siempre por un proyecto fundacional con eje prioritario en lo artístico y con mayor o menor acentuación de lo ideológico, lo social o lo ético. Los objetivos entonces no apuntan a lo comercial sino a la sobrevivencia del espacio y/o grupo, a la producción y difusión de espectáculos, a la distribución social de bienes culturales y no a la renta personal de sus integrantes. Parámetros tales como “los mejores resultados con la menor cantidad posible de personal” ineludible para la empresa comercial, no rigen en el teatro independiente donde las tareas son cubiertas por integrantes no remunerados al nivel de su prestación; nada de ello implica que los trabajadores del teatro independientes no sean profesionales ya que esto no se define por la capacidad de generar rentabilidad sino por profesar el estudio, la especialización y la eficiencia en el desempeño de la labor específica.En general cada sala o grupo independiente define un lenguaje, una estética y un modelo de producción, que lo distinguen en el panorama global pero que refuerza la diversidad que caracteriza al movimiento, y por lo tanto sus acciones responden a este propósito deliberado de búsqueda y refuerzo de perfil y no a otras valoraciones secundarias. El repertorio es objeto de análisis, deliberaciones y discusión por entender que lo formal y conceptual constituye el verdadero valor a comunicar; como consecuencia de esto es necesario destacar que la programación de una sala o grupo no se guía por los altibajos de la taquilla, por lo que el carácter de “independiente” no se refiere solo a la independencia de los poderes públicos sino a éste último aspecto ya que para el movimiento independiente la relación costo beneficio pasa por andariveles distintos a los de la empresa comercial.En vista de lo anterior y considerando que los teatros independientes son espacios pequeños, en su gran mayoría con capacidad para menos de 100 espectadores, casi ningún teatro sobrevive por las recaudaciones de su boletería, lo que exige una permanente búsqueda de fuentes alternativas de recursos y especialmente el aporte de sus propios integrantes, los que no reciben renta por su gestión institucional deviniendo sus recursos de actividades personales generalmente vinculadas con la docencia.La organización de salas y elencos toma en casi todos los casos las formas asociativas y/o colegiadas: Las salas se constituyen en Asociaciones Civiles sin fines de lucro, Fundaciones, o Sociedades de hecho y los elencos en Cooperativas. Por su propia naturaleza la organización es abierta e inclusiva, lo que favorece el ingreso de nuevos integrantes: en el teatro independiente el capital social está constituido básicamente por la gente. Es importante destacar que en los teatros independientes aparte de su función principal, representar espectáculos, se desarrollan otras numerosas actividades como las escuelas de iniciación y formaciones de actores, dirección teatral y dramaturgia, así como talleres, seminarios y cursos especializados, y en muchos casos bibliotecas y videotecas.Es así que con ésta caracterización que no es excluyente debido a la “diversidad”, rasgo fundamental del movimiento, el circuito teatral independiente de la ciudad produce en los últimos años de la década del 90 y en éste primer lustro del siglo XXI un desarrollo casi explosivo convirtiéndose en el proveedor de la mayor cantidad de espectáculos dando trabajo a casi el 80 % de los actores del país, asì como un elemento fundamental en el refuerzo y consolidación del tejido social.El prestigio adquirido dentro de la Argentina se ha hecho extensivo al mundo y en la actualidad la participación de elencos argentinos en los festivales internacionales de mayor prestigio es constantemente requerida, ya que el circuito independiente ha constituido un lenguaje propio que representa al teatro argentino en el exterior. Consecuencia de esta requerida, exitosa y constante participación es la creación en 1999 del Festival Internacional de Buenos Aires y que los teatros independientes sean anfitriones y receptores de elencos y maestros del mundo.Por otra parte el movimiento teatral independiente se ha constituido en el núcleo principal para la formación de actores, directores, dramaturgos, escenògrafos, vestuaristas y técnicos, convirtiéndose en proveedor de artistas que nutren no solo a los circuitos teatrales Comercial y Oficial sino también al Cine y la Televisión. Es importante también destacar el fundamental aporte docente que el movimiento independiente realiza a instituciones prestigiosas de enseñanza teatral como el IUNA y la EMAD. Por todo lo reseñado y considerando que el circuito ofrece mas de 300 obras de teatro semanales, lo que constituye un fenómeno único en el mundo por lo que la Ciudad de Buenos Aires será declarada por la UNESCO “Capital del Teatro de habla Hispana” se hace necesario pensar en proteger y estimular la permanencia de estos espacios que constituyen un patrimonio invalorable acumulado ardua y trabajosamente a lo largo de casi un siglo.

el interpretador

Ya salió el nuevo número de elinterpretador. Este mes no mandé nada. Digamos que todavía estoy de licencia por maternidad, pero pronto retomo mi columna habitual. Aun así hay mucho para leer.

lunes

termina el fin de semana

acabo de terminar de corregir un original. Son casi las dos de la mañana. Pipi duerme. Ya no pasan autos por la calle y hay mucho silencio. Me gusta esta hora. Hace un rato vi cómo se peleaban unos tipos en el club de enfrente. Pelearse es una forma de decir. Estaban enojados, se insultaban, se amenazaban pero era evidente de que no se querían pegar. Lo que hacían parecía más bien una coreografía. (¿por qué será que de tanto ver cierto tipo de escenas en la ficción, la realidad no puede sino parecer impostada?) Cuando uno de ellos retrocedía, el otro avanzaba. Yo espiaba desde la ventana segura de que no iba a ser descubierta y, debo reconocerlo, divertida por la escena que se me ofrecía. Toda una corte de amigos iba asistiendo a los contrincantes, por si hiciera falta, para que no pasen a mayores. Sin embargo, era tan evidente que ninguno de los dos (no importa cuán borracho estuviera) iba a dar ese salto. Me recordó al club de la pelea, cuando salen a provocar en la calle y encuentran que la gente prefiere la humillación a la confrontación. Es una gran película.

jueves

día de lluvia, poca concentración

Mi niña está con cólicos, lloró casi todo el día. Difícil concentrarse en la compu. Hace un rato se calmó y pude tomarme un descanso. Estuve releyendo Cómo se hace una tesis de Eco. Creo que una de las virtudes del libro es que da ganas de investigar. Se agradece todo aquello que ayude a mantener la motivación en alza.
Eco sugiere empezar con tres cosas que se suelen hacer al terminar un libro: buscar el título (o subtítulo siempre más explicativo), escribir el índice (arbóreo, acorde con la previa exploración bibliográfica) y redactar la introducción (es decir, contar qué quiero hacer y de qué manera). Parece un buen consejo, sobre todo con la aclaración de que no necesariamente vayan a quedar petrificados en esa primera redacción. En comparación, la exploración bibliográfica y desarrollo de la tesis que yo emprendí me resultan caóticos e intuitivos. Creo tener bien claras qué cosas no puedo dejar de decir, por ejemplo, intuyo la estructura doble del libro: la historia con su costado de análisis cultural por un lado, y la lectura de los textos del primer Caraja-ji, por el otro. Pero se demora la bajada al papel. En ese sentido, con el libro de El Payró me resultó todo mucho más ordenado y acotado. Di muy rápido con el índice que resultaba de la división en décadas y desde allí me mandé a recoger el material y escribir.
La lectura de las obras me exige otra estrategia. Mi punto de partida es la idea de que estos dramaturgos se referencian con la cultura de masas más que con la tradición teatral que los precedió. Para leer cada una de las ocho obras estoy buscando intertextualidades con el cine, la literatura, la televisión, etc., etc. Cada una de las obras, entonces, me abre un espectro muy amplio de búsqueda y ya varias veces me he perdido en él. Pienso leer La virgen del lavadero de Zingman en clave Aira. Debo refrescar mis lecturas desde donde las dejé.

miércoles

reparando el cortocircuito

Retomo, después de meses sin postear, la escritura de este blog. La inminencia de la maternidad me había alejado de las salas de teatro para concentrarme en cursos de preparto y lactancia. Ahora, que Pipi ya nació y todo salió bien, lentamente voy retomando el contacto. Mi prioridad, en este momento, es terminar la tesis de maestría. Hace un tiempo estoy trabajando sobre dramaturgia de los años '90 en Buenos Aires, en particular, a un grupo que se conoció como el Caraja-ji. Mi idea es, por un lado, historizar cómo surgió y por qué me resulta interesante escribir sobre ellos y, por otro lado, dar una lectura de las obras que estos dramaturgos produjeron en esos años. Mi idea es avanzar con el análisis de las obras, algo que puedo hacer desde casa mientras mi niña duerme. Había dejado pendiente la lectura de una obra de Alejandro Zingman que se llama La virgen del lavadero. Ese es mi próximo paso.
Por otro lado, se viene el festival internacional de teatro, al que le tengo bastantes expectativas. Aunque este año no haya super-grandes-nombres como en otras ediciones, saqué entradas para varios espectáculos y ya iré posteando comentarios sobre ellos. Bueno, queda así reabierto el circuito.

martes

Mini entrevista a una actriz

Marina Llambi accedió a contestarme algunas preguntas. Me interesaba que me cuente sus primeros pasos en el teatro. Esto fue lo que contestó.

1.- Si te acordás, ¿cómo fue tu primer acercamiento al teatro?

Desde chica armaba escenas con unas amigas mellizas que luego les mostrábamos a nuestros padres. Bailaba clásico, jazz y actuaba en los actos del colegio. En sexto grado podíamos elegir un taller: cine, teatro, cocina, ajedrez, pintura. Elegí teatro. A fin de año se hacía el acto. La profesora había elegido varias escenas de Romero y Julieta que adaptábamos. A la "actriz" que tenía que hacer la escena del balcón con Romero le dió verguenza y la profesora preguntó: ¿Quien se anima? Hice la escena vestida de blanco con el chico que me gustaba.
2.- ¿Cómo llegaste a la actuación?, ¿qué fue lo que te interesó como para dedicarte a eso?, ¿con quién estudiaste y cómo llegaste o elegiste a tu profesor/a?
Todos los años siguientes seguí en el taller de teatro del colegio. Cuando terminé rendí el ingreso para entrar en el Conservatorio Nacional. No entré. Empecé a estudiar Letras y luego Psicología. Paralelamente hice cursos de actuación: un año con un profesor desconocido que me enseñó mucho, en el Rojas, y entré en segundo año de la carrera de formación actoral de La Casona del Teatro de Beatriz Urtubey. Al terminar, hice con los egresados dos obras infantiles. Al año siguiente decidí volver a intentar en el Conservatorio. Entré. Hice cinco años de carrera. En cuarto año lo tuve como profesor a Guillermo Angelelli, y él fue el elegido para dirigir nuestra residencia: "El Desconcierto". Ahora estoy haciendo un entrenamiento intensivo con él. Creo que no elegí la actuación, por lo menos no desde un lugar racional, siempre estuvo ligada a un lugar de mucho placer. Más que una decisión era algo inevitable. Cuando el placer dió lugar al trabajo, me encontré desorientada. Me costó aceptar que ese espacio que siempre me había resultado gratificante, empezaba a darle lugar al esfuerzo, que no siempre gratificaba. Quiero estar ligada a la actuación, pero no quiero estar atada.
Todos los profesores que tuve me enseñaron mucho, de cada uno podría decir que aprendí. Angelelli fue el que más me sorprendió. Me mostró que había otra manera de hacer las cosas, y una manera que lleva a resultados que me gustan mucho. Muy lejos estoy aún de "haber aprendido", pero sigo intentando...

3.- ¿Recordás alguna obra que te haya gustado especialmente? ¿Cuál y por qué?
La obra que más me gustó, movió y sorprendió fue Xibalbá. La vi siete veces. Ese año lo tuve a Angelelli como profesor y me costaba entender cómo se podía bajar todo lo que nos enseñaba. Ver esa obra fue como ver plasmado todo lo enseñado.

domingo

Reflexiones de una actriz

Marina Llambi es actriz y me mandó este texto para compartir:

IMAGEN EN ACCIÓN

Siempre me enseñaron a trabajar los textos con imágenes. Las imágenes para mí eran pensamientos que me llevaban a decir el texto desde un determinado lugar ligado a una determinada emoción.

Para mi último trabajo en el conservatorio armé un pequeño montaje con tres textos. Uno de ellos era el monólogo de Laurencia de Fuenteovejuna de Lope de Vega. Laurencia fue violada. En el proceso de preparación del trabajo, en el cual me proponía trabajar con imágenes, asocié la sensación de ser violada con la "tortura" de que alguien más fuerte me hiciera cosquillas cuando era chica. Mi método iba a ser acordarme de esa sensación, y decir el texto desde ahí. Guillermo Angelelli me dijo: mostrame la imagen, ¿cómo era cuando te hacían cosquillas?. Me tiré al piso y recreé ese momento. Me dijo: parate y hacé lo mismo. Lo hice. Ahora hacelo con el texto. Nunca ese texto que había dicho muchas veces plasmó mejor la imagen que quería transmitir. Desde ahí entiendo que todo es acción. Imagen, cuerpo y voz sólo son, si son acción.

miércoles

Artaud dixit

"El teatro no es ya un arte; o en todo caso es un arte inútil. Se ha conformado en todo con la idea occidental del arte. Estamos hartos de sentimientos decorativos y vanos, de actividades sin objeto, consagradas solamente a lo amable y a lo pintoresco. Queremos un teatro que funcione activamente, pero en un nivel aun no definido.

Necesitamos acción verdadera, pero sin consecuencias prácticas. La acción del teatro no desborda al plano social. Y mucho menos al plano moral y psicológico."
Antonin Artaud, "Cartas sobre el lenguaje" en El teatro y su doble (1935)

lunes

salió el interpretador

Ya salió el número de junio de El interpretador. Se puede leer en www.elinterpretador.net (cambiaron provisoriamente el dominio, ya volverán al .com)
Esta edición incluye, entre muchas otras cosas, una entrevista que le hice a Mariano Pensotti.

viernes

Fiore di merda

Parece que a Paco Giménez le gusta usar títulos provocadores. A fines del año pasado presentó en el Portón de Sánchez Orto y ocaso, una relectura de los clásicos griegos en clave de talk-show. Igual de explícito resulta su Fiore di merda, el primer espectáculo de Paco Giménez en el teatro oficial estrenado en abril del 2005. Hasta ahora, el cordobés se había manejado dentro de un circuito más independiente. La sala de El teatro de la Ribera, en La Boca, resulta el escenario adecuado para esta producción. Es dentro del teatro oficial pero no es el San Martín. Los actores ocupan todo el escenario y, como si no resultara suficiente, también utilizan el patio de butacas. Las primeras filas devenidas río que da y quita, resultan un avance del escenario sobre los espectadores.

Paco Giménez es un generador incansable de proyectos. Resulta sorprendente su capacidad de trabajo, alternando con diferentes elencos y grupos que bajo su dirección, tanto en Córdoba como en Buenos Aires, estrenan obras permanentemente. “La noche en vela”, el grupo porteño de Paco Giménez, aporta toda su experiencia actoral a este espectáculo que surge a partir de textos y películas de Pier Paolo Pasolini. Usando citas del autor y la proyección de fragmentos de Mamma Roma, Accatone y Teorema, Giménez nos propone un espectáculo bello y desconcertante a la vez. Fiore di merda es una obra donde la excelencia actoral, la sutileza y el vuelo poético de algunas imágenes alternan con groserías de fonda o bajadas de línea que resultan de tan explícitas muy a trazo grueso.

En Fiore di merda asistimos a la representación basada en la alegría ajena y el resultado final en el espectador es una mueca triste, como lo que genera ver los festejos de una despedida de soltero. Están los disfraces, el papel picado, los bocinazos... y automáticamente se dispara cierta satisfacción por la distancia y por contar con otros amigos.

lunes

Teatro XXI

Salió el último número de Teatro XXI. La revista del GETEA debe su nombre a otra legendaria publicación de la década del '60, Teatro XX, aquella en la que polemizaron apasionadamente Ernesto Shóo y Kive Staiff.
Este número cuenta con una fuerte presencia de Javier Daulte, evidente desde la tapa con el elenco completo de Nunca estuviste tan adorable. También hay un artículo donde el dramaturgo reflexiona sobre el teatro de tesis para proponer un teatro "radicalmente innecesario, inofensivo y optimista". La mesa redonda estuvo dedicada a dialogar sobre la enseñanza de la actuación en Buenos Aires y participaron: Hugo Urquijo, Cristina Moreira, Lorenzo Quinteros y Javier Daulte.
Este número de la revista cuenta además con críticas a espectáculos, reseñas de distintos libros y un dossier con la obra de Julio Chávez, Rancho. Teatro XXI se consigue en librerías.

domingo

Un título malo

Le preguntan de dónde salen las obras que escribe. Él responde:
"El proceso por el cual se me ocurre una idea para una obra siempre ha sido algo que no he podido localizar. Una obra, simplemente, parece materializarse como una aparición que se hace cada vez más clara.

Al principio, es algo muy vago, con en el caso de Una tranvía... Simplemente tuve la vision de una mujer al final de su juventud. Estaba sola, sentada junto a una ventana, con la luz de la luna derramada sobre su rostro, y había sido abandonada por el hombre con el que planeaba casarse.

A partir de esa visión se desarolló un tranvía, al principio la llamé La silla de Blanche bajo la luna, que es un título muy malo."

Tennese Williams, Los reportajes del París Review, 1995, Buenos Aires, El Ateneo.

martes

culpa

Entre un resfrío que me tiene a mal traer y planes de mudanza inminente, tengo muy abandonado a este blog. Me da un poco de culpa. Estuve viendo cosas sobre las que quiero escribir, revistas para reseñar y algún que otro datito interesante. Ya me voy a poner al día. Les pido a los dos lectores de elcircuito que me tengan un poquito de paciencia, prometo recompensarlos.

miércoles

Baccarat en el Club del Vino

Los espectáculos en vivo de Baccarat resultan siempre una experiencia peculiar. Ya sea por el sonido a punto de aturdir al espectador, o la insistencia de usar pistas grabadas aunque se cuente con toda una orquesta, la cosa es que Baccarat hace de lo precario un estilo propio. Todos los sábados, después de la 1 de la mañana se están presentando con su espectáculo “Baccarat en castellano” en el Club del Vino.

El repertorio es bastante ecléctico. Puede ir desde temas propios de sus tres discos, pasando por All of me en la sección “standar de jazz” o repasar gran parte de los éxitos del Festival de San Remo. El sábado pasado incluyeron hasta una chacarera. El escenario del Club del Vino da un marco propicio a la hermosa voz de Pángaro y le permite lucirse en un espacio más íntimo. Según su costumbre, las chicas no dejaron de desafinar siempre que pudieron. Cantaron, bailaron y fueron el soporte ideal a los delirios discursivos de Pángaro. El cantante brilló no sólo en su terreno sino que además probó sus dotes actorales usando uno de los recursos más viejos del actor popular: la sanata. Esa posibilidad de hablar largamente –como si fuera una autoridad– sobre cualquier tema que se proponga que encumbró a actores como Fidel Pintos. El sábado pasado, el tópico elegido fue la realeza, quizás inspirado en las recientes bodas del príncipe Carlos de Inglaterra. Una vez planteada la cuestión, Pángaro desplegó una serie de asociaciones libres cada vez más disparatadas. También sugirió que el público participara a través de papelitos susceptibles de ser arrojados a los músicos.

A lo largo de los años, Sergio Pángaro y Baccarat fueron probando y refinando ese cruce de estilo cóctel y karaoke que se convirtió en la marca más distintiva del grupo y aquello por lo cual vale la pena ver sus shows.

Sergio Pángaro y Baccarat se presentan en el Club del Vino, Cabrera 4737. Tel.: 4833-0048/9, los sábados de abril a la 1hs.

viernes

Una parodia posmoderna clásica

Aunque ya bajó de cartel, Electra Shock resultó la propuesta más interesante del Festival de Teatro Griego organizado por la Fundación Konex.

Desde que ingresamos a la sala se nos advierte que lo que vamos a ver no es teatro griego de túnica y coturnos. Nos recibe el coro con minúsculas prendas de cuero bailando música electrónica mientras se proyectan diapositivas que presentan a cada uno de los actores y agregan comentarios del director.
Es la voz chillona del propio Muscari quien pide apagar los teléfonos celulares y aprovecha para advertir que la puesta tuvo que ser modificada. Nos recuerda que estamos sentados en “butacas ignífugas” pero que la experiencia hubiera sido otra si la Ciudad de Buenos Aires hubiera habilitado el galpón previsto por Konex para este festival. Termina su intervención con un “¿Fal, empezamos?”
La propuesta de Muscari sigue los parámetros de toda buena parodia posmoderna clásica. Por empezar, todo nos recuerda que estamos en el teatro. Las actrices son llamadas por sus nombres: Fal, Vallina, etc., hacen bromas sobre el vestuario y utilizan un micrófono para romper la monotonía de ciertas escenas. El coro funciona dejando ver el procedimiento: son apuntadores, utileros, asistentes. En todo momento se sigue la tragedia de Sófocles pero se le sobreimprime la mirada posmoderna.
Es Clitemnestra la encargada de justificar esa inclusión de la música electrónica en el texto de Sófocles cuando sostiene que para que haya tragedia es necesario un mundo con reglas claras, algo que ya no es posible en este tiempo. Electra Shock termina con un apoteótico número musical (coreografía y fuegos artificiales incluidos). Si Muscari prometía “tragedia show y alto voltaje”, podemos decir que cumplió con creces.

Electra Shock
Dramaturgia y dirección José María Muscari
Con: Carolina Fal, Luciano Suardi, Stella Galazzi, Julieta Vallina, Horacio Acosta, Mercedes Scápola Morón, Guillermo Arengo.
Coro: Analía Nuñez, Martín Urbaneja, Juliana Muras, Federico Amador, Dolores Fernández, Pablo Kocacs.
Teatro Lorange