jueves

pichones II

Ya era de madrugada cuando salí del bar. Había trabajado toda la noche pero no estaba cansada. Era una mañana hermosa y no quería volver a casa. Para demorarla un poco más empecé a caminar. Las calles estaban vacías, no había ni una nube, yo estaba feliz.
Un chico se me acercó y me preguntó la hora. Yo le dije que no tenía reloj pero que era o muy temprano o muy tarde y le sonreí. Él dudó un momento y luego sacó un revólver. No es que lo sacó, más bien me lo mostró y me ordenó que le diera la mano.
Mientras caminábamos me dijo las cosas de rigor, que si me portaba bien no me iba a pasar nada, ese tipo de cosas. Yo trataba de pensar rápido pero no se me ocurría nada. Me llevó a una plaza donde habían muchos arbustos. Se ve que él conocía bien el lugar. Nos sentamos. Me pidió la plata que tenía. Yo no había guardado las propinas de la noche en la billetera, sino que las había metido así nomás en la cartera. Empecé a sacar los billetes hechos bollitos. La cosa venía mal. Cuando terminó de estirar la plata y de contarla, me mostró que la pistola tenía balas. Fue un ejercicio de poder, innecesario dadas las circunstancias pero en algún punto tranquilizador. Me quiso decir que podría haber disparado y todavía no lo hizo. Seguramente no había leído a Foucault pero lo entendía a la perfección.
Me pidió que me saque la ropa y se tendió en el piso para que se la chupara. Después me empezó a coger mientras me hacía preguntas como ¿dónde vivís?, ¿qué hacías sola por la calle?, ¿tenés novio?, ¿es famoso?, ¿cogés con él? Mentí todo lo que pude.
Le pedí que no me acabara adentro. Él aceptó pero me hizo chupársela un rato larguísimo, me agarraba de la nuca, me movía a su antojo. Yo dejaba hacer. Finalmente acabó. Un chorro de semen agrio me llenó la boca, quería que me lo trague pero se lo escupí en la panza. Tenía una cicatriz de apendicitis y era muy lampiño. Es lo único que me acuerdo de él. Si me lo cruzara por la calle, no lo reconocería. Era un chico, un hombre, como cualquiera, como cualquier hombre. Cerca nuestro habían unos pibes jugando a las escondidas, gritaban, se reían. Yo estaba paralizada. No iba a zafar, me iba a matar y esos tarados me iban a encontrar hecha un bollito en los arbustos. Pensé en mi papá y me dio vergüenza. Estaba desnuda, sucia, acobardada. No era manera para morir. No lo era. Pero ahí estaba. Me había puesto en esa situación y no encontraba salida.
El tipo se limpió y se vistió. Estiró los billetes que me había robado y me los dió. Quiso pagarme y así completar la humillación con mi propio dinero. Con la gente cerca se había puesto en guardia. Me felicitó por haberme portado bien y me dijo que me quede quieta, que no me mueva para nada y que no salga gritando "me violaron". Estaba tan atontada que recién ahí me cayó la ficha de que el tipo sabía perfectamente lo que me estaba haciendo. Me acababa de violar. Sin embargo, yo no lo sentía como una violación: ataque, golpes, violencia física. Esto me parecía en algún punto demasiado intelectual. Él se calzó el arma en el pantalón y salió corriendo como un cobarde. Supe que no me iba a matar pero tardé una hora antes de poder moverme. Tenía miedo. Me sentía culpable. Si me hubiera ido a mi casa en vez de estar pelotudeando por ahí, si no le hubiera sonreído, si no hubiera sido tan sumisa...
Salí como pude, me hice un buche con una coca-cola que compré en una estación de servicio y me fui a mi casa. No hice la denuncia. Tampoco les dije nada a mis viejos ni a mis amigas ni a nadie. Tenía la fantasía de que si no lo hablaba, iba a desaparecer. No quería quedar estigmatizada como "la violada". Grave error. Cuando no hacés lo que tenés que hacer, las cosas te vuelven y llegó un punto que más que terapia hubiera necesitado un exorcismo.
Me rapé la cabeza, suicidé todo rastro de femineidad en mí, pero fue en vano. La imagen en el espejo me repugnaba. Dejé de tener amigos varones. Empecé a sospechar en cada hombre a un violador y en algún punto a esperar que así fuera. Tuve un novio al que le hice tantas que si me ve venir, cruza la calle. Tuve otro y otros.
Empecé a tener miedo, a dejar que el miedo me limite, me domine, se convierta en mi ley. Salir a la calle me daba miedo. La intimidad con los otros me daba miedo. La soledad también. Sin embargo, no registraba cuánto me había reducido. Venía cada vez peor y nada podía evitarlo.
Un día tuve una epifanía que me rescató del miedo. Llegó de una forma bastante trivial pero tan contundente como innegable. Nunca me había tirado de un trampolín, nunca había estado en una pileta con trampolín. Cuando lo ví, algo de mi infancia se despertó. Primero el deseo y al mismo tiempo la negación. No era para mí. Todos se tiraron pero yo seguía sin probarlo. No quería reconocer que moría de ganas de saltar desde el más alto. Y lo hice. Sentí la resistencia de la tabla, el vaivén que me catapultó y el golpe frío al entrar en el agua. Ahí me dí cuenta de todo. Estaba viva.

12 comentarios:

Obelix dijo...

María,

Qué lindo escribís!

Atte.

olco dijo...

Sí,escribís muy bien. La historia es real o ficticia?

juan dario dijo...

María,

Estoy de acuerdo con obelix y olco, tu relato es muy bueno, sólo una crítica constructiva, creo que por el tiempo del relato deberías de escribir "tragase" en lugar de "trague". Si la historia fuera real, me provocaría las siguientes sensaciones: 1.- Como ser humano me avergonzaría de mi especie, el hombre es el único animal (... perdónenme animales, si pueden!) que crea y usa instrumentos para someter a otros seres, y en este caso, como en casi todos los casos en que se utilizan estos instrumentos, con fines repugnantes para satisfacer oscuros deseos de poder. 2.- Como varón me avergonzaría de mi género, porque por un ser como ése, vos juzgaste mal al resto de los hombres por un período de tiempo, y tal vez hayas castigado por su culpa a otros que no lo merecían, y quien sabe, capaz que en ese tiempo perdiste a tu "Príncipe Azul"!. 3.- Como latino no puedo evitar pensar en la familia y amigos, y si a una mujer de mi familia o amiga le pasara algo así, me sentiría muy desilusionado si me lo encontrara así escrito en un paredón cibernético y no lo hubiera sabido antes de su boca e inmediatamente, por aquél concepto, que puede ser juzgado anticuado si querés, de familia y amigos con quienes se deben compartir penas y alegrías y en este caso también recibir consejos, no creo que hayas actuado correctamente luego de lo ocurrido, y el error parte de tu silencio, que evitó a los demás familiares o amigos de hacerte reaccionar y saltar del trampolín sí, pero compartiendo contigo esa pesadísima carga y denunciando el hecho a quien correspondía para tratar de evitar a otras personas situaciones similares. Perdón por la lata.

Nessie dijo...

me dio mucha impresión tu texto y me siento como los primeros espectadores de la pantomima de Juan Moreira: creo que es verdad y tengo ganas de salir a correr al desalmado

Anónimo dijo...

Che, Juan Darío, hacete ver...

juan dario dijo...

Absolutamente cierto, ya tengo cita con el médico para un electro, y ya va siendo tiempo de darle una controladita a la próstata... pero yo, por lo menos, cuando escribo algo lo FIRMO.

María Bayer dijo...

Gracias por lo que dicen. No sé si será el morbo que despierta este post pero elcircuito nunca tuvo tantos comments.
Una cosita que no entiendo, Juan Darío: ¿Príncipe azul? ¿Me estás jodiendo? Si hay algo que sobra en este mundo son príncipes azules, vale decir, tipos tan narcisistas que se piensan que su sola presencia rescata a una frágil chica en problemas. Mi idea del amor no pasa por que me rescaten. Si tiene que ser príncipe, que sea Shrek que es verde.
La pregunta por la veracidad me molesta y no pensaba contestarla pero ya la cosa se fue de madre y hasta me retan por lo que hice o dejé de hacer. Chicos, relax, yo siempre miento.

Ramón Paz dijo...

bayer es una gran escritora!

juan dario dijo...

Estoy de acuerdo con ramón!
Y no te estoy jodiendo María! Con la expresión "tu Príncipe Azul" no me refería para nada a lo que vos interpretaste, de hecho, de las tres palabras la única que tiene importancia es la primera... las otras dos se pueden descartar. Me refería a EL amor de la vida, porque hay amores y está ese... EL que a los que tienen suerte, los llama una vez, y si en ese momento tenés el teléfono descolgado, zás! cagaste la fruta!
Menos mal que no fui yo quien preguntó por la veracidad! Y te digo la verdad, me desilusionaste un poco porque respondiste, era mejor mantener la atmósfera misteriosa. Cuando yo estudiaba había unas cosas llamadas teoremas que consistían en: hipótesis, tesis y demostración, y estas últimas para ser válidas dependían de que lo fuera la primera, y si leés mi comentario podrás ver un grande "si" (así sin acento, o sea condicional que en mis tiempos indicaba la enunciación de una hipótesis!) la historia fuera real, entonces sería válido todo el resto. Y como metiste la pata y develaste el misterio no tenés que sentirte retada por cosas que hubieras hecho o que no hubieras hecho.
Che, me está gustando este juego de personajes y mascaritas... o será que tiene razón el pelotudo anónimo y me tengo que hacer ver?

Anónimo dijo...

Te falta mucho, pibe. Mejor quedate escondido.

Julieta dijo...

Para mí es evidente que Darío se excitó sexualmente con el relato.

juan dario dijo...

Ay, julieta, gracias por tus buenas intenciones, pero, a ver, explicame un poquitito como carajo hiciste para sacar esa deducción de los elementos que escribí! Capaz que si sos convincente me ahorro un vagón de guita en psicoanálisis.