miércoles

estamos en obra

Algo que demanda sangre fría, confianza y una inversión constante y colosal de plata. Virtudes todas que no me andan sobrando ultimamente. Como Nico trabaja todo el día, soy yo la encargada de llevar adelante la puesta a punto de nuestro futuro hogar. Eso es: ponerme de acuerdo con el arquitecto, tratar con los albañiles, comprar los materiales en el corralón, contratar volquetes, calmar a los vecinos que siempre tienen quejas, hacer trámites de todo tipo y sobre todo pagar, pagar y pagar.
Tenemos algunas ventajas que hacen la diferencia: no estamos viviendo en obra. Si así fuera, yo ya hubiera colapsado en un ataque de nervios hace mucho tiempo. Aunque varias veces por día me veo en situaciones que recuerdan a Hogar dulce hogar, vieja película de Tom Hanks en la que una pareja compra una casa para refaccionar.
Otra de las ventajas es que la gente que está trabajando en la casa es adorable: un albañil que tiene voz de locutor de radio y es tan formal y delicado que parece que hubiera estudiado construcción con el conde Chicoff. El locutor trabaja con su cuñado que es aficionado al ciclismo, un deporte no demasiado popular, pero que le despierta reflexiones de lo más apasionadas. Hoy tuvieron que dejar de trabajar porque extraviaron a su suegra. Parece que la señora venía desde Paraguay a visitar a la familia pero nunca llegó a Retiro. Seguramente, boleada después de más de treinta horas de viaje, se bajó antes o después de su parada. La esposa de Oscar lo llamó desesperada: andá a encontrar a mamá. Y ahí nomás, pidieron permiso y se fueron. Espero que logren encontrarla.
Mi suegro es el arquitecto a cargo del proyecto y nos está dando una mano enorme. Voy aprendiendo a tratar con él, a entender tiempos y tareas pendientes. Como toda obra, la casa tiene algunos puntos conflictivos o indeterminados. Cuando me carcome la ansiedad y busco respuestas, mi suegro que tiene mucha experiencia al respecto, me tranquiliza poniendo plantas. Ahora tengo plantas en el frente, en una ventana y en el bajo escalera. Debo decir que se redujeron bastante.
También voy ampliando mi vocabulario. Ya manejo un pequeño diccionario de obra. Aprendí por ejemplo que cuando te piden "plasticor" es "hidrolit" (me falta saber para qué sirve). También me siento re canchera cuando me piden hierro del 10 y lo escribo en signos. Pequeñas gratificaciones de obra. Los del corralón son un caso aparte. Lo atiende una chica muy pero muy linda y muy pero muy amarga. Sacarle una sonrisa es prácticamente imposible. Supongo que al tratar todo el día con hombres ya se le hizo costumbre ladrarle a todo el mundo. Que sólo se compra en efectivo, que si la factura "A", que si se puede juntar la leca con la arena, que si no te cobro el flete, que los materiales no te los descargan, siempre tiene un pero. Me quejo pero sigo yendo a comprarle a ella. Supongo que después de cuatro meses ya le tomé cariño.
Por ahora, mi casa se ve así:

4 comentarios:

Andrés Rodrigues dijo...

Vas a vivir en una terraza?

María Bayer dijo...

Más precisamente voy a vivir en una casa con terraza. Sí. Empezamos por los techos (impermeabilizarlos, ponerles algo que se llama bizcochito o galletita y dejarlos listos para después colocar las cerámicas) y me dio tanto trabajo conseguir la famosa membrana en la cantidad y calidad necesarias y tuve que dar tantas vueltas que estoy orgullosa de cómo va quedando. Algo que el comentario tuyo parece minimizar pero te digo, Andrés, que no es sólo una terraza, es mi terraza. Saludos

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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