martes

sábado

Había pasado el sábado en el country de mis viejos. A eso de las siete le pedí a mi papá que me lleve de vuelta a casa. Estaba terminando de juntar las cosas, salir con Pipi siempre es una pequeña mudanza, cuando cayeron de visita unos amigos de mi vieja. Ella es abogada y él, empresario textil de origen croata. También trajeron a su nieta de seis años, un primito gallego que estaba de visita y tres docenas de medias lunas. Fue un torbellino. Llegaron, se sentaron, prepararon infusiones para grandes, para chicos, comieron, el galleguito no paraba de hablar, Pipi no paraba de llorar, de fondo el disco de Miranda en vivo y mi papá que no arrancaba.
Mi vieja y sus ideas. El contexto le pareció el indicado para que, escuchen bien, su amigo croata me contara la historia de una viejita de noventa años que es medio pariente suya porque, cito "vos que escribís, podés sacar ideas para una novela" y siguió con el fatal "es tan interesante". Se me congeló la sonrisa.
El tipo empezó a tirar datos y mi vieja a anotarlos febrilmente en un papelito. El croata decía: ella nació en 1911. Mi vieja anotaba: 1911. La madre se murió cuando ella tenía dos años, el padre se volvió a casar pero se suicidó en la crisis del '30. Mi vieja anotó: Madre, dos años, padre suicida. Ella se escapa casándose con un médico comunista. Mi vieja anota: se casa con médico. Y más abajo: comunista.
Yo estaba parada moviendo de un lado a otro a Pipi que no paraba de lloriquear. Con la mano que me quedaba libre, le daba golpecitos en la espalda a mi viejo, tratando de hacerle ver que quería que arranque de una buena vez.
El croata y mi vieja seguían: y éste es un dato importante por lo que va a pasar después, ella manda a sus hermanas menores a un colegio de monjas pupilo. Cuando llegue a la Argentina, una de las monjas la va a reconocer y le va dar trabajo como cocinera. Mi vieja anota: monja la reconoce. La amiga de mi vieja acotó: pero esto confunde, vas, venís. Así no se puede contar, no se entiende. Breve discusión sobre recursos narrativos.
Seguían con la historia: que la vieja se cambió el apellido, que después se enamoró de otro tipo y se casó por segunda vez, que el tipo llegó a ser funcionario del gobierno. Mi vieja anotaba: el segundo, abogado, nacionalista. Lo que faltaba, pensé, vieja nazi. Tenés que conocerla, me repetían.
Miranda seguía sonando a full, el galleguito también, Pipi también. Ahorro más detalles del escape por los Alpes, la llegada a la Argentina, el lujo y la miseria. De las recepciones en palacios a limpiar pisos.
Se terminaron las medias lunas y papá, finalmente, le dio bola a mis desesperadas señales de humo para irnos. Mi vieja, solemnemente, me entregó el papelito como destinándome a la grandeza. Lo miré bien. Increíble, era el ticket de las compras del Disco. Lo guardé como un ready-made.

3 comentarios:

Nessie dijo...

wow "vos que escribís..."

es una fórmula ciertamente peligrosa! ;)
saludos María!

Funes dijo...

...es una buena opción publicar la novela y entregar, con cada número (a modo de zelarayan del sr. maíz) una fotocopia del manuscrito de tu mamá... ahora no se lo digas, tal vez termines encadenada a una computadora hasta que termines de escribirla de punta a punta...

...en realidad, lo que acabo de decir es la segunda parte de la novela... pero bue... no está tan desarrollada... vos que escribís sabrás como hacer.

Saludos.

paula dijo...

muy bien, su madre