lunes

termina el fin de semana

acabo de terminar de corregir un original. Son casi las dos de la mañana. Pipi duerme. Ya no pasan autos por la calle y hay mucho silencio. Me gusta esta hora. Hace un rato vi cómo se peleaban unos tipos en el club de enfrente. Pelearse es una forma de decir. Estaban enojados, se insultaban, se amenazaban pero era evidente de que no se querían pegar. Lo que hacían parecía más bien una coreografía. (¿por qué será que de tanto ver cierto tipo de escenas en la ficción, la realidad no puede sino parecer impostada?) Cuando uno de ellos retrocedía, el otro avanzaba. Yo espiaba desde la ventana segura de que no iba a ser descubierta y, debo reconocerlo, divertida por la escena que se me ofrecía. Toda una corte de amigos iba asistiendo a los contrincantes, por si hiciera falta, para que no pasen a mayores. Sin embargo, era tan evidente que ninguno de los dos (no importa cuán borracho estuviera) iba a dar ese salto. Me recordó al club de la pelea, cuando salen a provocar en la calle y encuentran que la gente prefiere la humillación a la confrontación. Es una gran película.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

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Gecko dijo...

Por ahí estos tipos vieron demasiados musicales con pandillas (de esos en que hay una banda de puertorriqueños que bailan con sincronía envidiable, mientras ponen caras de extranjeros amenazantes).

María Bayer dijo...

Tal cual, ese era el espíritu!

Marina dijo...

me gustó esa película, me gustó su observación.

saludos