sábado

pierina empezó el jardín


Después de escuchar una y otra vez que mi mamá, mis hermanas, mi suegra, mis amigas y mi analista me repitieran hasta el cansancio que estaría bueno que Pipi fuera a un jardincito, que interactuara con otros nenes, que no viera tanta tele, que despegara un poco de mí, bla bla bla... finalmente lo hablamos con mi marido y nos decidimos. Hice una research por el barrio y elegí el que queda más cerca de casa.

¿Cómo decirlo? La adaptación fue un asco.

Fuimos el lunes: mochilita con los útiles (toallita, pañales y mamadera). Mucha emoción porque ahí empezaba su larga y futura carrera en la educación formal. Fuimos los tres, pero me quedé yo sola en la salita con ella. Pipi disfrutó de jugar con bloques. A los otros nenes no les dio ni pelota salvo cuando se acercaron a su mochila y ahí chilló como un chancho. Lo que más le gustó fue esconderse dentro de una caja que había en el patio y espiar desde ahí. Estuvimos poco más de media hora.

Quedó exhausta.

Se durmió sin comer.

Al otro día amaneció con fiebre. Muchas emociones para un solo día. Estaba hecha una piltrafita. Se quedó en casa tosiendo, con mocos y fiebre, mirando la tele.

El miércoles amaneció mejor. Me contó que había soñado con el jardincito. Eso me decidió. No tenía fiebre.

Reincidimos.

Pero ya no me gustaba tanto que se le acercaran los compañeritos. Si tenían mocos, yo trataba de distraerlos y que fueran a jugar lo más lejos posible. Apártese de mi hija, bicho infecto, pensaba. Esos nenes se me hacían como pringosos e itinerantes cúmulos de enfermedades. Supuse que si los atacaba con Lysoform había un par que desaparecían (con explosión y todo como la propaganda de Raid). También supe que esa sensación de aprensión me iba a acompañar toda la vida escolar de Pipi, tal vez hasta se agrave durante su adolescencia.

Odio a todos y cada uno de los que me convencieron para llevarla al jardín, odio a las madres que "porque tienen que trabajar" mandan a sus hijos infectocontagiosos a babosear los juguetes que tocará mi hija, odio no poder cumplir mi fantasía de rociar con lysoform todo lo que vaya a acercársele, odio tener que cortar el bendito cordón umbilical.

A la noche, vi que mi niña tenía unas legañitas.

Jueves a la mañana, los ojos rojos.

Jueves a la tarde, oculista: conjuntivitis. El resfrío además empeoró: más tos, más mocos, más fiebre. Se pasó todos estos días encerrada en casa viendo la tele y sintiéndose para el culo.

A pesar de esto, la semana que viene parece que volveremos.

2 comentarios:

Molina dijo...

cumplió dos hace poquito, no?

María Bayer dijo...

sí, Molina, qué memoria. Tiene exactamente dos años y un mes.